viernes, diciembre 21, 2012

Memorias del descenso


Mientras descendía en absoluta oscuridad,
cargado sobre su espalda como un niño;
 -pregunté-
¿Es normal que no pueda mover mis piernas
o tan siquiera sentirlas?

Sin aminorar su marcha contestó mi pregunta.

Al finalizar el descenso (que fueron veinte años)
 llegamos a una playa gris,
donde me enterró hasta la cintura. 
-Entonces pregunté-
¿Qué debo esperar acá, entre estas cenizas?

Mientras se iba contestó mi pregunta.

Satisfecho una vez más por su repuesta;
-pensé-
“El hombre que conoce su destino
no teme, no se angustia. “
Abandonado.
Pasé veinte años allí
antes de consumirme en ceniza.

viernes, diciembre 14, 2012

Doy fe


He sido, he existido;
ha brillado en mi piel el sol del verano,
he andado;

aun recuerdo mi ritmo de acero.


miércoles, diciembre 12, 2012

La maquina imprenta


El panfleto A grita:

                                -¡VIVA LA MUERTE!-

                                           Tendido en el pasto un hombre
                                           enmudece y contempla
                                           el descenso de oscuros lunares
                                           Infecciones que ennegrecen el cielo: 

Le  recuerda al papel secante
sobre aquel escritorio
y por momentos
cree estar bajo un árbol de otoño
                                                      sacudido con violencia

                                                      Después no hay pasto ni hombre
                                                                       la metáfora ha muerto

                                                  
-¡DAR LA VIDA!-
-¡DONAR SANGRE!-
(Grita otro panfleto
                                el B)


Un hombre atrincherado
en la masa humana
Aguarda foco
en la imagen semoviente

Borrosa                                                                                                                     Otoñal

                                                 Días de trajín lo naturalizan:
                                                                         de inciensos de ecos de espasmos                                                  
                                                                         del borroso enemigo

-LA GUERRA EMPAPA CADA CAPILAR DEL ALMA-

El hombre atrincherado ha muerto
La oruga ensangrentada avanza al centro de la ciudad
                                                          

ABABABABABABABABABABABABABABABABABABABABABABABABABABA

ABABABABABABABABABABABABABABABABABABABABABABABABABABA

ABABABABABABABABABABABABABABABABABABABABABABABABABABA

ABABABABABABABABABABABABABABABABABABABABABABABABABABA

ABABABABABABABABABABABABABABABABABABABABABABABABABABA

ABABABABABABABABABABABABABABABABABABABABABABABABABABA

ABABABABABABABABABABABABABABABABABABABABABABABABABABA

lunes, diciembre 10, 2012

Ese fue el último de sus paredones


viejo muro de material y ladrillos
revocados,
allá quedan las veces que hiciste
de panfleto matutino;

viejo pizarrón de poemas
y neologismos

de pie a la calle y al hombre;
necesidad de impresión permanente.

¡Pintadas, graffitis para mis idas y vueltas!
   
Viejo, fuiste el último de sus paredones.
Hoy solo un bondi pasa a tu lado:
Ventanillas y ojos

que poco más que un matorral
de tinta y pintura;
de papeles y engrudo no suelen ver.

Pastizal,

baldío en piedra olvidado por los niños
y sus dueños.
Ya nadie corre a leer tu cáscara

o nunca nadie se pregunta:

¿Dónde han ido esos poetas
que tan tentador adorno proponían
en ti,
raso paredón blanco?

jueves, diciembre 06, 2012

Brillo externo

no hay cosa
aquí
que no sea espejismo;

nada que no sea
una
continua proyección;

una sustancia que a diario
nos incluye

entre espacios vacíos;

así las cosas
son: 
hijas de una ocupación
fantasma;

un brillo nocturno   
no es el carbón en las minas

o la combustión
que genera energía,

ni siquiera el incandescente
filamento;

este continente
nada significa

para las formas simples
de vida,
ni para los minerales;

nada para mí

que sin querer me he salido 
una vez;

cuando niño a la sombra,
corría
como mancha,

sentí en mis dedos tocar
la espalda al mundo;

mi cuerpo
siguió fugaz
tras mis hermanas 

pero yo ahí
quede,

oculto
con todo lo demás;

vieron mis ojos
el barro que nunca será América;

a las piedras las oí respirar; 

me supe testigo de un tiempo
inmediato al mío,

mucho más viejo,
aun más perdurable,

uno demasiado despacio
para notarlo;

algo familiar
llamo mi atención,

un pequeño eco,
un frágil reflejo de luz;

era todo el continente
volviendo a mí;

pregunto a ustedes:

¿los detalles de una conquista, 
no son acaso
espacios vacíos?

¿entonces
un brillo externo 
sea quizá
nuestra única forma?

¿sea quizá
la promesa de actualizarnos? 



Terrazas ahora

la novedad
habla de vos, 
vecino vigía,

de los tantos
juguetes panópticos;

desprecio tu capacidad
fuselaje,
tus caricias con el poder;

la novedad
en terrazas ahora

transmuta tu estatismo  
en
agujeros negros;

innova del miedo, en arma  
retórica.

viernes, noviembre 23, 2012

Mi encuentro con “Toma-y-Da”

Años más tarde me hallé
recluido en el campo       
de los “Ebrios-Muertos”;

mi tarea consistía en humedecer
sus tumbas con los mejores alcoholes.

Puesto que
la sed de los difuntos
es aun  mayor,
mi infernal tarea ocupaba
mí día y noche.

-El campo más bien se
asemeja a un pantano
en su humedad alcohólica
y su suelo de limo

resultado de inagotables
zumos baldeados.-

Ahí estaba el hombre detenido
en medio de las tumbas
y dijo:

“He oído nombrar la ‘abnegación’
                                   y deseo conocerla”

luego pidió un trago del botellón
a cambio de brindarme ayuda.

Entregue el botellón a
“Toma-y-Da” (Tal cual dijo llamarse)

y emprendí viaje fuera del campo
de los “Ebrios-Muertos”.